EL EVANGELIO DE MARCOS
1.1 Autor.
Se considera que el evangelio de Marcos fue el primer relato que incluyó, en una sola narración, la historia de la actividad de Jesús en Galilea y en Jerusalén, junto con la recopilación de todas sus doctrinas. De Marcos, se sabe muy poco o casi nada, pero lo poco que podemos saber nos ayuda a entender quién fue él y porque escribió el evangelio.
El testimonio escrito más antiguo sobre Marcos nos lo da un historiador llamado Eusebio. Este testimonio es a la vez, citación de uno anterior, proveniente del obispo Papías de Hierápolis. El texto dice así: "Marcos, como interprete de Pedro, escribió con exactitud, aunque sin orden, todo lo que recordaba de los dichos y hechos de Jesús. Marcos no había conocido personalmente al Señor ni había sido discípulo suyo, sino que posteriormente había sido compañero de Pedro. El apóstol había adoptado su enseñanza a las necesidades de sus oyentes, pero sin intentar componer un relato ordenado de las palabras del Señor. Así, pues, Marcos no se equivocó al poner por escrito las cosas tal como las recordaba, porque su única preocupación fue no omitir ni falsear nada de lo que había oído" (Eusebio, Historia eclesiástica, 39).
Este testimonio insiste en que el escrito de Marcos está vinculado a la tradición apostólica y en que Marcos no agrega nada por su cuenta, sino que se mantiene fiel a la tradición. Lo que respecta al "orden" de los hechos, es ya una opinión de los lectores que no le encontraron una lógica.
De Marcos, sea el autor del evangelio u otro con el mismo nombre, existen las siguientes referencias:
• Juan, de sobrenombre Marcos, hijo de María de Jerusalén, en cuya casa se reunía la comunidad cristiana de esta ciudad (Hch 12, 12). Era pariente y compañero de viajes de Bernabe (Hch 13, 5-13).
• Marcos al que Pablo se refiere como uno de los ayudantes e interpretes que colaboraba en la comunicación entre las Iglesias (Col 4, 10; 2Tim 4, 11).
• Marcos, persona muy allegada a la comunidad que seguía las enseñanzas de Pedro (1Pe 5, 13)
1.2 Fecha de composición
La fecha de composición es objeto de discusión. Existen básicamente dos posibilidades:
El evangelio fue escrito antes de la destrucción de Jerusalén en el año 67 d.C. Porque, a diferencia de los evangelios de Mateo y de Lucas, el evangelio de Marcos no hace referencia explícita a la efectiva destrucción de Jerusalén por parte de las tropas romanas, sino que plantea el asedio de la ciudad como una profecía de Jesús. Además, no tiene noticia de las persecuciones que los romanos emprendieron contra los cristianos en la época de Nerón. A las únicas persecuciones que hace alusión son las que los jefes del templo, de los escribas y de los Fariseos emprendieron antes de la destrucción de Jerusalén.
El evangelio fue escrito después de la muerte de Pedro y antes de que se escribieran los evangelios de Mateo y Lucas. Por lo que habría que pensar la década comprendida entre el año 64 y el año 80 d.C.
1.3 El lugar donde fue escrito
Existen por lo menos cuatro lugares donde el evangelio pudo ser compuesto:
Roma: Atendiendo el testimonio de Papías y por la tradición que señala una clara vinculación con las enseñanzas de Pedro; además, por las palabras en latín y griego y por la explicación constante de costumbres Judías, que no eran muy conocidas entre los lectores paganos.
Galilea o el sur de Siria: Lugar donde se encontraban las comunidades cristianas muy antiguas y a dónde se dirige el resucitado (Mc 16, 7). Marcos explica muchas costumbres de esta comarca en la que convivían diversos y dispares grupos étnicos y religiosos.
Antioquía de Siria: La vinculación de Bernabé, pariente de Marcos, y de Pedro a la Iglesia misionera de Antioquía. Lo que también explicaría el uso de palabras en latín, porque esta ciudad era un centro importante de la actividad comercial y militar del imperio.
1.4 PROPUESTA DE ESTRUCTURA.
1,1-8,26 Primera Parte: Misión y curaciones en Galilea
1. Introducción al cargo del Bautista; el dia inicial, controversias en Cafarnaún (1,1-3,6).
2. Elección de los 12 y su adoctrinamiento como discípulos por medio de parábolas y hecho portentosos (3,7-6,6)
3. Envío de los 12; comida de los 5000; marcha sobre la aguas; controversia; comida de los 4000; incomprensión. (6,7-8,26)
8,27-16,8 Segunda Parte: Predicación de sufrimientos, muerte en Jerusalén, resurrección (+ 16, 9-20)
1. Tres predicciones de la Pasión; confesión de Pedro; transfiguración; enseñanza de Jesús (8,27-10,52)
2. Ministerio en Jerusalén; entrada triunfal; acciones y encuentros en el Templo; discurso escatológico (11,1-13,37)
3. Unción; Ultima cena; pasión; crucifixión; sepultura; tumba vacia (14,1-16,8)
4. Conclusión que describe las apariciones del Resucitado, es posterior (16,9-20)
1.4 TEMAS DESARROLLADOS.
El texto del evangelio supone, desde el comienzo, un grande desafío y una buena catequesis. El desafío proviene de la misma forma como esta redactado el evangelio, pues, tal como lo conocemos ahora es una "historia" de la actividad pública de Jesús, de su pasión muerte y resurrección. El lenguaje del evangelio es muy vivo y dinámico. Las narraciones son extremadamente concisas y nos introducen directamente en el núcleo de la actividad y de las palabras de Jesús. El texto supone a la vez, una buena catequesis precedente que permita una lectura seria y edificante. No se puede acceder al evangelio si antes no se conocen algunas temas fundamentales de la vida de Jesús que, obviamente, se debieron aprender de viva voz, en la catequesis comunitaria.
1.4.1 El título del evangelio (Mc 1, 1)
El comienzo del evangelio nos da todos los elementos que son necesarios para comprender a profundidad el mensaje que se nos quiere trasmitir. Lo primero que nos dice es que no es un libro cualquiera, sino que es fundamentalmente un evangelio una "buena noticia". Lo segundo, nos aclara, desde el comienzo, que nos va a dar noticia sobre una persona en particular, sobre Jesús de Nazaret, un hombre inserto en la historia de su pueblo y cuya vida es decisiva para comprender el significado de la existencia de la humanidad. Por esta razón, nos dice, sin más preámbulos, que él es el Cristo y el Hijo de Dios. Información que si bien parece un muy general, casi un título, nos dará la oportunidad de comprenderla en el desarrollo de todo el relato a través de la lucha de Jesús con los demonios, de las parábolas y al final, sobre la cruz, nos la repetirá cargada de significado en la voz de un soldado romano que reconoce la dignidad y el significado del "Hijo de Dios" (Mc 15, 39).
1.4.2 Hijo de Dios
De este modo, mostrando la experiencia histórica de Jesús de Nazaret, el evangelista nos precisa y nos da el contenido esencial de un título que para sus lectores contemporáneos, judíos y gentiles, tenía una gran variedad de significados, a veces dispares y contradictorios. Para los lectores de origen judío era claro que el título "hijo de Dios" hacía referencia al Antiguo testamento; especialmente a los textos donde se habla de los ángeles o mensajeros como "hijos del altísimo" (Sal 29, 1; Job 1, 6; 2, 1; 38, 7). Igualmente, se le aplicaba al rey como representante del pueblo de Dios (2 Sam 7, 14; Sal 2, 7; 89, 27) y, especialmente, el título recaía sobre el pueblo que era llamado "el hijo de Dios" (Dt 1, 31; Os 11, 1; Sab 18, 3); Incluso, entró a formar parte de la apelación cotidiana con la que las personas piadosas que cultivaban la sabiduría se dirigían a Dios (Eclo 4, 10).
Para los lectores de cultura griega, siria y romana, el título "hijo de Dios" estaba relacionado, más bien, con los héroes míticos o con los emperadores absolutos. Por esta razón, el evangelista se esfuerza en mostrar de qué manera Jesús era "el hijo de Dios". El evangelio está propuesto como un camino que va desde Galilea hasta Jerusalén y en el cual Jesús va revelando su proyecto a medida que se acerca a la ciudad y que crecen los conflictos con sus discípulos, con los escribas, fariseos, saduceos y herodianos, hasta llegar al punto culminante en el encuentro definitivo con el Sanedrín. Este camino es el que permite descubrir al hijo de Dios en el rostro del siervo sufriente que muere en la cruz en medio de la incomprensión de su pueblo y de sus propios seguidores.
Marcos elimina toda ambigüedad respecto al significado del título que le da a su evangelio en dos pasajes (Mc 1, 11; 9, 7) en los que se proclama la cercanía de Dios a la persona y al proyecto de Jesús de Nazaret. Pero, a la vez, con las escasas menciones nos introduce en la profundidad del misterio y le quita al título "hijo de Dios" cualquier traza de triunfalismo rimbombante.
1.4.3 Juan Bautista
Uno de los personajes que más se destacan en el primer siglo es Juan Bautista. Su predicación causó un gran impacto entre la aristocracia, los intelectuales y el pueblo sencillo.
Marcos nos presenta a Juan Bautista como un profeta místico y ascético que da cumplimiento a las profecías de Isaías. El Bautista, entonces, se convierte en el predecesor del ungido, del Cristo. Un hombre que desde el desierto, reconocido lugar del encuentro con el Dios liberador, alza a su voz y convoca al pueblo, especialmente a sus autoridades, a un llamado de conversión, a "enderezar los caminos". Pero, la proclama de Juan no se dirige a hacer más piadosas las intenciones de los gobernantes. La predicación del bautista es un clamor de justicia y de derecho orientado a mover la conciencia de los habitantes de Judea y, especialmente, a los hombres influyentes de Jerusalén. Predica que no ahorró críticas a Herodes Antipas como exponente de la corrupta aristocracia que se había instalado en el poder cuarenta años antes gracias a las intrigas y violencias de Herodes el "grande".
Juan vive en los lugares desiertos vecinos al jordán; su alimentación es más que simple: insectos y miel silvestre; su vestimenta, la de un ermitaño: con un cuero. De esta manera se convierte en símbolo de una nueva realidad que irrumpe: el nuevo pueblo de Dios que trasforma sus antiguas instituciones y se abre a una nueva mentalidad. El bautista era plenamente consciente que llegaba la hora histórica en la cual cada ser humano y cada comunidad debería decidirse si estaban de parte de la justicia, del reino de Dios, o si, por el contrario, continuasen amalgamados a las antiguas, caducas y corruptas instituciones aliadas a los insufribles mecanismos de la muerte y la dominación violenta.
Juan anuncia a "uno más fuerte que viene detrás de mí". El evangelio de Marcos se encargará de mostrarnos de qué manera se manifiesta la fuerza de Dios por medio de Jesús. El bautismo de Juan es signo del cambio de mentalidad que es necesario para acceder a una nueva y más profunda experiencia de Dios. Sin una nueva manera de ver la existencia personal y la historia de la humanidad es imposible comprender el lenguaje del Mesías que hace una exigencia absoluta de justicia como condición para la irrupción del reino. Por esta razón, el bautismo que vendrá después está simbolizado por el Espíritu Santo. El bautismo cristiano se distinguirá del bautismo de Juan porque éste no está destinado a fundar una "comunidad" que se inserte en el tiempo presente como anticipo de algo futuro y duradero. Por esto, es sólo un primer paso hacia la nueva realidad que irrumpe con la propuesta de Jesús.
El impacto de Juan fue tan grande, que muchos años después de su muerte, los cristianos continuaron encontrando discípulos del bautista en otras provincias del Imperio. El historiador Flavio Josefo que escribió sesenta años después de que Juan fuera ejecutado por Herodes Antipas nos conserva un recuerdo admirable de éste profeta contemporáneo de Jesús. "Herodes hizo asesinar a Juan Bautista a pesar de que éste era un hombre justo que predicaba la práctica de la virtud, incitando a vivir con justicia mutua y con piedad hacia Dios, para así poder recibir el bautismo. Era con esta convicción que Dios consideraba agradable el bautismo; se servía de él no para hacerse perdonar ciertas faltas, sino para purificar el cuerpo, con tal que previamente, el alma hubiera sido purificada por la rectitud. Gentes de todos lados se habían reunido con Juan, pues se entusiasmaban al oírlo hablar. Sin embargo, Herodes temeroso de que su gran autoridad indujera a los súbditos a rebelarse, pues el pueblo estaba dispuesto a seguir sus consejos, consideró más seguro, antes de que surgiera alguna novedad, quitarlo de en medio, de lo contrario quizá tendría que arrepentirse más tarde si se produjera alguna conjuración. Es así como por estas sospechas de Herodes fue encarcelado y enviado a la fortaleza de Aqueronte y allí fue ejecutado. Los judíos creían que en venganza de su muerte, Dios había castigado a Herodes infligiéndole una deshonrosa derrota a su ejercito frente al ejercito de Aretas que obtuvo una victoria absoluta". (Flavio Josefo, Antigüedades Judaicas XVIII, 5)
1.4.4 Reinado de Dios
La misión de Jesús comienza con la proclama del reinado de Dios (Mc 1, 15). Después de la muerte de Juan, Jesús toma la bandera del llamado a la conversión, "al cambio de mentalidad". Para Jesús la irrupción del reino es un acontecimiento inminente que se viene encima como el tiempo oportuno de la cosecha. Por esto dice que "el tiempo se ha cumplido y el reinado de Dios ha llegado". No hay más largas y esperas. Cada persona debe optar de frente a una propuesta que exige un compromiso completo y decidido.
La predicación inicial de Jesús insiste en un elemento fundamental que ya había sido anunciado por Juan: el cambio de mentalidad. Sin este cambio en la manera de pensar, resulta imposible captar la novedad de la praxis de Jesús. Sin una trasformación del entendimiento no se puede comprender la profundidad del misterio que revela la experiencia de Dios en Jesús. Un cambio que, como mostrará el evangelio, no esta a la vuelta de la esquina sino que necesita una verdadera trasformación ideológica que permita iniciar una nueva forma de vida.
Jesús se enfrentó en su momento a muchas personas que esperaban con mentalidad "mágica" una irrupción de Dios, precedida de fenómenos ambientales y grandes catástrofes naturales. La mayoría de estas personas eran incapaces de reconocer el cambio que Jesús realizaba en la vida concreta y cotidiana. Cambio discreto pero significativo, que le permitía a cada ser humano y a cada comunidad enfrentar sus opciones vitales y descubrir hasta qué punto su existencia estaba inmersa en los mecanismos de control cultural, político y social. Mecanismos que frenaban toda novedad y hacían inútil cualquier fatiga que no entrara en los límites de la ideología de turno.
Otro elemento de la predicación inicial de Jesús era la fe en el evangelio. Para nosotros es casi obvio o elemental que, como cristianos, debemos tener fe en el evangelio, pero esta claridad nocional, no significa nada si antes no se ha dado el paso de la "conversión", de la "ruptura" con la mentalidad imperante. La nueva mentalidad nos permite experimentar la novedad de Jesús: su evangelio del reino. Jesús no predica enseñanzas abstractas, o sabidurías que más o menos nos motiven a ser mejores individuos. El evangelio, la buena noticia que propone Jesús, es la de reconocer que ya han madurado los tiempos para que cada ser humano se inserte en una comunidad que le permita vivir como verdadero "hijo de Dios". Sólo desde una experiencia efectiva del evangelio y desde una comunidad humana renovada es posible proponerse como ideal de vida una sociedad donde la regla no sea la trampa, sino la claridad de la justicia. Y para esto, hay que tener fe en la propuesta de Jesús; no sólo creer en él, sino creer en lo que él creyó y vivió. Solo con una fe vivida auténticamente se convierte en irrenunciable la opción de vida que nos descubre el cambio de mentalidad.
El significado del Reinado de Dios se explicita de manera precisa en las parábolas. Por medio de comparaciones, símbolos y metáforas, Jesús busca superar la oposición ideológica que surge espontáneamente en sus lectores. La parábola le permite ir al fondo de su enseñanza prescindiendo de los prejuicios de los oyentes o del grado de escolaridad. Jesús también es consciente de la necesidad de un proceso de "iniciación", de formación personal y colectiva que permita acceder al misterio del reino.
Nosotros generalmente pensamos el "misterio" como una cosa oculta y desconocida que no se puede comprender con un solo avance del entendimiento. Y de cierto que hay muchas cosas en el mundo, incluso en nuestra propia existencia que no comprendemos cabalmente y que permanecen como un misterio. Jesús nos invita, por medio de las parábolas, a "entrenarnos" un poco para comenzar a descifrar los misterios del reino. El reino es un misterio que se comprende progresivamente sin jamás agotarlo
La parábola del sembrador, junto con el otro conjunto de parábolas "agrícolas" nos introducen en una nueva perspectiva de la comprensión del misterio del reino (Mc 4, 1-34). Jesús "sale" de la sinagoga, local cerrado, como lugar habitual de enseñanza y se ubica en las orillas del mar, en el espacio abierto. Frente a la multitud proclama su enseñanza de modo que todos estén en condiciones de escuchar y de entender; sin embargo, él es consciente que para ser un verdadero oyente de la palabra se necesita perseverancia y, sobre todo, apertura mental. Porque, en efecto, muchos de los que acudían a su enseñanza, incluidos sus propios discípulos, no acertaban a comprender qué estaba ocurriendo porque tenían el entendimiento centrado sobre otras cosas muy distintas a la propuesta del reino. Luego en privado, la comunidad retoma la enseñanza de Jesús y trata de comprenderla. Este ir i venir, tomar y retomar, entender y repasar hacía de la búsqueda de la verdad una experiencia vital y no sólo un ejercicio mental, de esta manera, los discípulos progresivamente se abrían a los misterios del reino.
Otro aspecto del misterio del reinado de Dios está en su dinamismo interno y en carácter progresivo. La parábola de la semilla que crece por si misma (Mc 4, 26-29) ilustra, precisamente, este desconcertante aspecto. A diferencia de muchos de sus coetáneos que querían apurar la intervención de Dios por medio del cumplimiento riguroso de la ley (Saduceos, fariseos) y de aquellos que por la fuerza querían instaurar un gobierno nacionalista, Jesús entiende la urgencia del reino de manera radicalmente diferente. Para él ni el legalismo exacerbado ni los temerarios desafíos al poder imperial constituían un signo de la presencia y de la inminencia del reino. Todo lo contrario, no es la voluntad de grupos particulares la que impone la evidencia del reino, sino que es el reino mismo, desde sus posibilidades y desde su manifestación histórica el que irrumpe en la realidad humana cuando ésta se encuentra como tierra preparada y abonada sobre la que Dios ha puesto su semilla. El reino de Dios tiene suficiente fuerza para crecer bajo su propia dinámica, basta que encuentre las condiciones propicias. En este sentido, el reino conserva su carácter gratuito y gratificante: es un don de Dios que crece en el terreno de una comunidad que está dispuesta a dejarse interpelar por su palabra.
Un tercer aspecto del reinado de Dios está expuesto en la parábola del grano de mostaza (Mc 4, 30-32). En ella se compara el reinado de Dios con otras plantas del huerto. En especial señala de qué manera el reino de Dios teniendo un comienzo en extremo modesto, "la semilla más pequeña entre todas", al desarrollar su dinamismo interno se muestra como una realidad capaz de acoger a los animales que son extraños al huerto. De esta manera se muestran dos cosas que son esenciales al reino. La primera, es que es un proyecto humilde que no quiere opacar las otras plantas del jardín; por esto, no se le compara con un cedro o con cualquier árbol gigantesco. El segundo, la apertura hacia los que buscan algún refugio; el reino de Dios atrae pero no amarra a ninguno, le da a cada cual la posibilidad de continuar su camino.
3.5 Fariseos y Saduceos
Las informaciones sobre las diversas "corrientes", "escuelas" o "partidos" religiosos del primer siglo nos llegan, principalmente, a través del historiador Flavio Josefo, el Nuevo Testamento y la literatura rabínica. No disponemos en la actualidad de ningún documento "directo" o interno a ninguno de estos partidos. Por eso, cuando se lee el NT es necesario estar muy atentos a respetar la perspectiva y la información que nos proporciona cada evangelista o cada escritor en particular.
En general, entre los evangelios se presentan diferencias notables en la manera de mostrar a los opositores de Jesús. En el evangelio de Marcos, los fariseos constituyen solamente un grupo de oposición, tanto así que se alían a los partidarios de Herodes para conspirar contra Jesús. La mayoría de desavenencias entre Jesús y los fariseos se producen a causa de la interpretación de las Escrituras y de las "tradiciones de los padres". Jesús se manifiesta abiertamente en contra del exacerbado legalismo de los fariseos y pone la ley al servicio de las necesidades de los seres humanos. Esta actitud es causa de profundos malentendidos y desavenencias que llevaron a Jesús y a sus seguidores a distanciarse radicalmente de los fariseos y sus discípulos. (Domingo es pecado no ir a Misa?)
El desacuerdo respecto a la tradición de los padres, se produce a causa de la diferente manera como Jesús valora la tradición de los antiguos. Los fariseos, a diferencia de los saduceos, eran muy dados a mantener, memorizar y actualizar constantemente la tradición de los antiguos "doctores de la ley". Por lo que, aparte de los preceptos escritos en la ley, los fariseos cumplían con extremado rigor los preceptos que habían heredado de sus antepasados. Esta actitud de los fariseos los distanciaba profundamente del pueblo simple que no estaba en condiciones de seguir los mil y un vericuetos de "las tradiciones de los antiguos". Sin embargo, a pesar de esta actitud de los fariseos, ellos gozaban de una enorme aceptación entre la mayor parte de la población que los veía y reconocía como sus lideres naturales; el pueblo sencillo tenía a los fariseos como la más clara expresión de su ideal y aspiraba a ser tan pulcro, religioso y bien informado como ellos. Jesús frente a esto asume una posición crítica y busca desenmascarar a los fariseos y presentarlos como unos farsantes. Por esta razón los llama "hipócritas" que en la época significaba farsantes o actores.
Sin embargo, a pesar de todas las dificultades y malentendidos que se presentaron debido a la manera tan particular como Jesús entendía e interpretaba la Biblia y del ambiente de conspiración y conflicto que rodeaba los encuentros, los fariseos no aparecen en el relato de la pasión ni como verdugos ni como detractores de Jesús. Esta realidad sorprende, cuanto más por el creciente conflicto originado en Galilea, que crece en el camino hacia la capital y que, por fin, estalla en Jerusalén.
Los saduceos solo aparecen una vez en el evangelio de Marcos (Mc 12, 18). Entran en conflicto con Jesús por el tema de la resurrección. Tema que, igualmente, los diferenciaba de los Fariseos que eran fervientes defensores de la retribución futura y, por lo mismo, enconados defensores de la resurrección. Los Saduceos, a diferencia de los fariseos, eran en su mayoría laicos y sacerdotes pertenecientes a la aristocracia. No tenían ninguna estima por la "tradición de los antiguos" doctores de la ley, trasmitida oralmente por los fariseos, y se atenían exclusivamente a la ley escrita. En cuestiones de rituales y pureza seguían una tradición diferente a la de los Fariseos. Consideraban que cada individuo era libre de elegir su destino y que Dios no intervenía a favor de ninguno en particular, sino que cada cual veía por sí mismo. No gozaban de popularidad entre el pueblo y estaban, mas bien, cerca de los gobernantes de turno. A pesar de todo, compartían con otros grupos de la época el ideal de un estado nacional cuyo centro sería la actividad cultual del templo, que en armonía con las expectativas, constituyera el germen de la purificación de la tierra santa, de la liberación de todo elemento pagano y la restitución del reino de Israel tal cual como lo había dejado David.
3.6 Galilea
El evangelio de Marcos tiene un doble movimiento respecto a Galilea. El primer movimiento es una espiral que va creciendo y se dirige a Jerusalén, pasando por las vecindades de toda la región. Luego, de Jerusalén hay un retorno a Galilea como posibilidad de encuentro con el resucitado.
Galilea es una región montañosa de tierras más bien fértiles ubicada al norte de Jerusalén y que tenía como centro de actividad un lago de considerables proporciones. La ciudad principal de la región era Cafarnaum, sitio donde Jesús ubicó su casa y organizó la primera comunidad de discípulo/as. El nombre "Galilea" significa "redondo" o "planta circular" en arameo. En esta región habitaban diversos grupos étnicos y culturales. De una parte los habitantes de origen judío; de otra, los paganos que eran sobre todo griegos, sirofenicios y romanos. A diferencia de los evangelios de Lucas y Mateo, el evangelio de Marcos nos dice que Jesús proviene de "Nazaret de Galilea" (Mc 1, 9) que es considerada su "patria chica": "vino a su patria y, también, lo siguieron sus discípulos" (Mc 6, 1). Después del Bautizo en el Jordán regresa a Galilea para anunciar el evangelio de Dios (1, 14). En Galilea escoge sus primeros discípulos (Mc 1, 16) que luego lo siguen por el camino a Jerusalén (7, 31; 9, 30; 10, 32). Jesús predica en las sinagogas de la región y expulsa los demonios (1, 39). En toda la comarca se difunde la buena noticia de su acción coronada de éxito (Mc 1, 28). La gente de Galilea acude con gusto a escucharlo (3, 7). La gente de Galilea que festejaba la pascua en Jerusalén, recibe a Jesús con gritos de Júbilo (Mc 11, 9). Entre sus discípulos se cuentan algunas mujeres de Galilea que lo acompañan hasta Jerusalén y son testigos de su muerte, sepultura y resurrección (Mc 15, 41-16, 8). Después de la resurrección Jesús precede a sus discípulos y discípulas en el retorno a Galilea (Mc 14, 28; 16, 7) que inicia un nuevo momento de la misión cristiana.


